jueves, 30 de julio de 2009

El sitio perfecto II


El Recorre. Corre
El lee. Se lee y se duerme.
Se despertó y lo primero que vieron sus ojos fue una estampita de San Expedito sobre sus rodillas. Una niña de aproximadamente 7 años le tendió la mano. El la aceptó y ella le hizo un gesto que indicaba que el saludo podía transformarse en un beso y así fue.
La niña le regalo una sonrisa y un adiós, el se quedo con las rodillas nuevamente vacías. La niña se alejó.

Eran las 8am cuando se bajó del subte porque comenzaron a llegar los primeros invasores al vagón. No hablaban pero se codeaban entre si. La sensación placentera de biblioteca silenciosa había cedido, el aire se puso denso y los sonidos dieron paso a quejas, suspiros fuertes y caras antipaticas y de apuros de apuro.

No estaba dispuesto a compartir su tiempo con esos ocupantes que se empujaban unos a otros, prefería estar solo en su casa o viajar a pié.

Bajó del subte, subió las escaleras y se metió en un cafetín de esos que remiten a otra época. Abrió su libretita de anotaciones y escribió el abecedario en letra imprenta mayúscula, en el renglón de abajo, lo volvió a escribir en letra imprenta minúscula y luego en cursiva minúscula. Le costó mucho trabajo acordarse de cómo se escribía la k, la w y la x en cursiva.

Después de tener las tres líneas del abecedario en distintos tipos de letras, se quedó mirando y le comentó al mozo que se acercó con la cuenta lo increíble que le resultaba el poder de la palabra.
Es maravilloso que éstas letras que sólo ocupan un renglón de mi libretita negra, se haya formado un lenguaje.
Se maravilló ante eso y durante el transcurso de ese día no pudo de dejar de pensar en esa cuestión.
Sintió la misma sensanción que cuando descubrió que había nacido en otoño, luego de 33 años de festejar sin saberlo, se quedo toda la semana repitiéndose. El abecedario es algo increíble.
Apoyó la cabeza sobre su libretita y concilió el sueño en aquella mesa del café.
A veces el lugar perfecto simplemento no existe.

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