
"Tus huesos están pesado, dormidos,
parecen de plomo, se mueven por asomo
Anclados al piso no pueden más que entregarse, aplastarse, alejarse, abandonarse.
Entregan su peso, energía acumulada por milenos de existencia huesal.
Los huesos nacen pequeños, huesos bebés, crecen hasta llegar a un tamaño
determinado.
Luego siguen creciendo no en tamañano, sí en experiencia, se hacen sabios, más que cualquiera,
llevan la sabiduría de los caciques.
Esa herencia se traspasa de generaciones antañas, legado de la humanidad que se refugia en el interior de los huesos, en esa
textura entre esponjosa y a la vez rígida que protege todas las experiencias, las guarda como en cajitas, compartimientos
estancos. Quedan ahí, truncas experiencias y fluidos vaivenes que se entremezclan.
Recuerdos de guerra, castillos, reinados y demás cristos. Son nuestros ancestros, todos viviendo en el mismo espacio huesero, dentro de los que caminan y los que duermen.
Los huesos mueren? Los huesos no mueren, se quedan, perduran, sagrados huesos de la persona amada, los huesos de tu mujer, de tu hombre, los huesos de mi padre, huesos de amor.
Huesos andantes, brillantes, huesos desulmbrantes y de lo más campantes.
Huesos cubiertos, escondidos que dan la vida en un instante.
Huesos apáticos, huesos parlantes.
Estructura, pilares estáticos, volátiles. Huesos estandarizados, reglados.
Huesos para jugar, saltar, correr, salir a pasear, manejar una bici.
Huesos a veces pesados, muy presentes, demandantes.
Huesos que pasan de moda, huesos famosos, que miran de reojo.
Huesos "no pictures"
Huesos, no músculos, ni tendones, ni tejidos, ni pantalones,
huesos al fin, huesos al fon, se mueven así y asá, me entregan, me liberan.
Hueso bebé, papá y mamá hueso y los abuelos también.
Huesos, me tienen embelezada, son tantos, tan variados y están por todo mi cuerpo.
Pienso en uno y me enamoro y luego en otro y me enamoro. Huesos, huesos, huesos !"
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