martes, 11 de agosto de 2009

Próxima estación "Violeta"











Hoy el día se visitó de Violeta.

Desde la minima aurora, amaneció violeta.


De violeta se vistió el sol que se asomó por todos lados, aparente, confidente, soñadora, paciente esperó hasta el atardecer y comenzó a bajar lentamente hasta convertirse nuevamente para regalarnos un final de luz en tonos lilas, rosados ... violetas.
El niño de la casa se despertó cantando: "te quiero yo y tú a mí, somos una familia feliz. con un fuerte abrazo y un beso te diré: mi cariño es para tí" agarró su oso y se los llevó a la cama, lo apoyó en la cara de su mamá con la torpeza de los mas chicos.
Ella se levantó de un salto, fue al baño, se lavó la cara y salió al jardín a saludar a Tacuba.
Se encontró con el pasto de colores violaceos, sonrió al pensar que ya estaba llegando la nueva vida a su casa. Sintió la fuerza de la vida en todo su cuerpo y la invadió una sensación de placer que nunca antes había sentido.

Esta vez, su segunda, se sentía mas confiada, sabía a dónde iba y eso le generaba cierta tranquilidad, siempre es bueno tener paz interior en estos momentos y la experiencia le da a uno esa sensación de "esto yo ya lo viví" entonces las articulaciones del cuerpo tienden a relajarse un poco, la tensión en el cuello cede y le da paso al goce, al disfrute y al deseo de ver su carita lo más pronto posible.

El salió a trabajar, caminó unas cuadras para tomar el coletivo que lo llevaría hasta su oficina y el horizonte violeta le dió la certeza de que todo iba a salir bien. Contento emprendió el viaje a la capital ilusionado con verlas esa misma noche a las dos juntas. Miraba por la ventana y se sonreía, no pudo sacarse la sonrisa de la cara en todo el camino. Su compañero de asiento le sacaba temas como todos los días y él lo miraba sonriente y a todo asentía con la cabeza sin emitir sonido. Luego cuando terminaba de escuchar el sonido de la voz del otro, volvía a mirar por la ventana y a imaginarse ese próximo encuentro.
Por mi parte, el subte me llevó hasta la estación Pueyrredón, donde me bajé rauda para conocerla bien de cerca.

Por la tarde ví el cielo desde la ventana de mi oficina y como era de esperar, me encontré con ese color nuevamente ... violeta.
Mucho violeta no?
Y bueno che, estas cosas suceden una sola vez en la vida !!











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